La nueva cultura de movilidad sostenible requiere medidas incentivadoras

Recientemente conocíamos la puesta en marcha del Área de Prioridad Residencial de Madrid Centro, con el objetivo de reducir un 40% las emisiones de dióxido de nitrógeno en la ciudad, gracias a la reducción de un 20% del tráfico de paso en el centro de la capital.

Estas medidas demuestran que el Ayuntamiento de Madrid hace una apuesta firme a favor de la calidad del aire que respiramos. Prohibirá a partir de noviembre acceder y aparcar en el centro a los vehículos más contaminantes, es decir, aquellos que no cuenten con distintivo ambiental. Por tanto, los coches diésel anteriores a 2006 o los coches de gasolina anteriores al 2000, no podrán circular libremente por esta zona ni aparcar. Los vehículos con distintivo B y C podrán circular, pero no les estará permitido aparcar en la zona SER, únicamente podrán acceder y pasar a un garaje privado o estacionar en el interior de un parking público, mientras que los vehículos con distintivo CERO y ECO, como los de gas natural, podrán circular y estacionar con normalidad.

Sabemos que Madrid no es la única capital que ha emprendido este camino contra los vehículos más contaminantes, otras ciudades europeas como Hamburgo, Bruselas, Lisboa o París han puesto en marcha iniciativas similares. De manera más exigente, en 2024, Roma y París prohibirán la circulación de cualquier vehículo diésel. Lo mismo está previsto para la ciudad de Madrid en 2025 y Barcelona un año más tarde. Por su parte, Berlín y Estocolmo ya han prohibido la circulación de los vehículos diésel en algunas áreas del centro de la ciudad.

Sin duda estamos viviendo un importante cambio en la cultura de movilidad urbana. A los ciudadanos cada día nos preocupa más la calidad del aire que respiramos, somos conscientes de la influencia que tiene en nuestra salud cardiovascular y respiratoria y sabemos que ha llegado la hora de optar por soluciones sostenibles que nos permitan continuar circulando con normalidad por el centro de las capitales europeas con protocolos de contaminación más restrictivos.

En este escenario los combustibles alternativos juegan un papel clave. El gas natural supone una alternativa completamente madura y viable para todo tipo de vehículos, desde el turismo, el furgón de distribución urbana, el camión de recogida de residuos, el autobús, o el camión de gran cilindrada.

Se trata de un combustible ecológico y económico que contribuye a mejorar la calidad del aire en las ciudades reduciendo hasta casi cero las emisiones contaminantes que afectan a la salud. En concreto, reduce las emisiones de óxidos de nitrógeno (NOx) en un 85%, así como un 96% las emisiones de partículas sólidas PM y supone la eliminación total de las emisiones de azufre (SO2).

Restringir la circulación de los modelos más antiguos y por tanto más contaminantes contribuirá a mejorar la calidad del aire y por consiguiente a preservar la salud de los ciudadanos. Pero no debemos olvidar que todas las iniciativas destinadas a impulsar la sostenibilidad del transporte deberán acompasarse con la transición hacia nuevas tecnologías, que requieren medidas incentivadoras para la renovación de los modelos más antiguos que conforman el parque de vehículos en la actualidad.

Eugenia Sillero

Secretaria General de Gasnam